"Lo más importante de una empresa son las personas que la forman".
"Hay que adaptarse al cambio permanente".
"Tenemos que gestionar el talento en las empresas".
Éstas son sólo algunas de las afirmaciones que hoy en día solemos escuchar. Mucho se oye hablar de la Sociedad de la Información o de la Sociedad del Conocimiento. En la mayoría de ocasiones, se hace referencia al mundo de Internet, al mundo de la disponibilidad de información infinita sobre todos los temas, a la múltiple interconexión entre todos nosotros.
Pero, ¿de dónde surge todo esto? ¿y por qué? ¿son cuestionables estas afirmaciones?
Hoy quería compartir con ustedes una charla que nos dio Fernando Giner hace unas semanas. Él nos mostraba cómo la Sociedad había evolucionado desde la Era Agrícola (siglo XIX) hacia la Era Industrial (siglo XX), y ahora hacia la Era de la Información y del Conocimiento (siglo XXI). Y comprendiendo esta perspectiva, muchas de las afirmaciones iniciales se explican solas.
En el Siglo XIX, durante la Era Agrícola, la vida giraba en torno a las granjas, se cultivaba la tierra con un gran esfuerzo físico y el objetivo era obtener alimentos con los que poder sobrevivir. En esta época, el trabajo no era especializado. Cualquiera - con fuerza - podía hacerlo. En este entorno no era necesario motivar ni escuchar, cualquier trabajador era fácilmente reemplazable. Los derechos de los trabajadores eran muy escasos.
En el Siglo XX evolucionamos hacia la Era Industrial. La llegada del petróleo y el gas hicieron posible la aparición de fábricas, alrededor de las cuales giraba la vida de los trabajadores. Por lo tanto, la fábrica sustituía a la granja. En estas industrias había grandes cadenas de producción. El trabajo era poco especializado, tras una formación mínima se accedía a un puesto determinado. Una vez en él, se trataba de tareas rutinarias y repetitivas, que había que ejercer con calidad, orden y eficiencia. Se ocupaba un puesto en la cadena de producción. Tampoco en este entorno era necesario motivar ni escuchar, y los trabajadores seguían siendo fácilmente reemplazables.
Poco se evolucionó en este aspecto durante la segunda mitad del Siglo XX. Aparecieron edificios de oficinas, cuya misión era la de proveer determinados servicios a las fábricas, pero también seguían siendo, en su mayor parte, tareas repetitivas y rutinarias, poco especializadas.
Y llegamos al Siglo XXI, y evolucionamos hacia la Era de la Información y del Conocimiento. Aquí, la información da el protagonismo. Las fábricas y los edificios de oficinas son sustituidas por redes interconectadas a través de la tecnología. En estas estructuras, el jefe no manda, sino que colabora e impulsa a su equipo. Se utiliza la creatividad y se generan ideas. Para ello, es fundamental tener equipos comprometidos y motivados. Hay que escuchar, hay que adaptarse a los cambios, hay que gestionar el talento de nuestros equipos. En la Era de la Sociedad y del Conocimiento, la diferencia la marcan directamente las personas, y las formas de gestionar los equipos. En este entorno, las personas no son fácilmente reemplazables, por el conocimiento y la experiencia que atesoran.
En mi opinión, se producirá probablemente una fragmentación mayor de la Sociedad, en dos partes bien diferenciadas. Una sociedad "low-cost", con condiciones duras, y especialización escasa, aislada, y una sociedad "tecnóloga", en torno a la Sociedad de la Información y del Conocimiento. En general, tendremos una protección laboral cada vez más débil, con empleos discontinuos para varias empresas, y sueldo alternante. La formación tenderá a ser continua y especializada, y estaremos orientados a buscar la innovación y el emprendimiento. La persona es la que marcará la diferencia, y decidirá su ubicación. El inglés, imprescindible.
Se dice que conociendo el pasado podemos entender mejor el presente. La sociedad ha cambiado, y ahora depende de nosotros y de nuestras empresas, adaptarnos a ella. En esta época, más que nunca, como decía Charles Darwin en el Siglo XIX, no sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta.
Y tú, ¿cómo lo ves? ¿estás de acuerdo con estos planteamientos?
@manuelrichter
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