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domingo, 23 de junio de 2013

Nuestra Sociedad ha cambiado. Seamos conscientes.


"Lo más importante de una empresa son las personas que la forman".
"Hay que adaptarse al cambio permanente".
"Tenemos que gestionar el talento en las empresas".

Éstas son sólo algunas de las afirmaciones que hoy en día solemos escuchar. Mucho se oye hablar de la Sociedad de la Información o de la Sociedad del Conocimiento. En la mayoría de ocasiones, se hace referencia al mundo de Internet, al mundo de la disponibilidad de información infinita sobre todos los temas, a la múltiple interconexión entre todos nosotros.


Pero, ¿de dónde surge todo esto? ¿y por qué? ¿son cuestionables estas afirmaciones?

Hoy quería compartir con ustedes una charla que nos dio Fernando Giner hace unas semanas. Él nos mostraba cómo la Sociedad había evolucionado desde la Era Agrícola (siglo XIX) hacia la Era Industrial (siglo XX), y ahora hacia la Era de la Información y del Conocimiento (siglo XXI). Y comprendiendo esta perspectiva, muchas de las afirmaciones iniciales se explican solas.

En el Siglo XIX, durante la Era Agrícola, la vida giraba en torno a las granjas, se cultivaba la tierra con un gran esfuerzo físico y el objetivo era obtener alimentos con los que poder sobrevivir. En esta época, el trabajo no era especializado. Cualquiera - con fuerza - podía hacerlo. En este entorno no era necesario motivar ni escuchar, cualquier trabajador era fácilmente reemplazable. Los derechos de los trabajadores eran muy escasos.

En el Siglo XX evolucionamos hacia la Era Industrial. La llegada del petróleo y el gas hicieron posible la aparición de fábricas, alrededor de las cuales giraba la vida de los trabajadores. Por lo tanto, la fábrica sustituía a la granja. En estas industrias había grandes cadenas de producción. El trabajo era poco especializado, tras una formación mínima se accedía a un puesto determinado. Una vez en él, se trataba de tareas rutinarias y repetitivas, que había que ejercer con calidad, orden y eficiencia. Se ocupaba un puesto en la cadena de producción. Tampoco en este entorno era necesario motivar ni escuchar, y los trabajadores seguían siendo fácilmente reemplazables.

Poco se evolucionó en este aspecto durante la segunda mitad del Siglo XX. Aparecieron edificios de oficinas, cuya misión era la de proveer determinados servicios a las fábricas, pero también seguían siendo, en su mayor parte, tareas repetitivas y rutinarias, poco especializadas.

Y llegamos al Siglo XXI, y evolucionamos hacia la Era de la Información y del Conocimiento. Aquí, la información da el protagonismo. Las fábricas y los edificios de oficinas son sustituidas por redes interconectadas a través de la tecnología. En estas estructuras, el jefe no manda, sino que colabora e impulsa a su equipo. Se utiliza la creatividad y se generan ideas. Para ello, es fundamental tener equipos comprometidos y motivados. Hay que escuchar, hay que adaptarse a los cambios, hay que gestionar el talento de nuestros equipos. En la Era de la Sociedad y del Conocimiento, la diferencia la marcan directamente las personas, y las formas de gestionar los equipos. En este entorno, las personas no son fácilmente reemplazables, por el conocimiento y la experiencia que atesoran.

En mi opinión, se producirá probablemente una fragmentación mayor de la Sociedad, en dos partes bien diferenciadas. Una sociedad "low-cost", con condiciones duras, y especialización escasa, aislada, y una sociedad "tecnóloga", en torno a la Sociedad de la Información y del Conocimiento. En general, tendremos una protección laboral cada vez más débil, con empleos discontinuos para varias empresas, y sueldo alternante. La formación tenderá a ser continua y especializada, y estaremos orientados a buscar la innovación y el emprendimiento. La persona es la que marcará la diferencia, y decidirá su ubicación. El inglés, imprescindible.

Se dice que conociendo el pasado podemos entender mejor el presente. La sociedad ha cambiado, y ahora depende de nosotros y de nuestras empresas, adaptarnos a ella. En esta época, más que nunca, como decía Charles Darwin en el Siglo XIX, no sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta.

Y tú, ¿cómo lo ves? ¿estás de acuerdo con estos planteamientos?

@manuelrichter

PD: Tu aportación (comentario y/o difusión) es mi recompensa...

domingo, 12 de mayo de 2013

¿Motivación o Compromiso?


¿Son necesarios los Clientes Satisfechos?

Sí, todas las empresas buscan y persiguen tener clientes satisfechos. Un cliente satisfecho es un cliente que confía en tu producto, en tu empresa, en tu marca. Un cliente que tiene confianza en tu marca, volverá una y otra vez a ella, para satisfacer sus necesidades. Un cliente satisfecho hablará bien de tu marca a terceros. Por lo tanto, un cliente satisfecho genera ingresos a la marca.




¿Necesitamos un buen Clima Laboral, para tener Clientes Satisfechos?

Claramente sí. A nadie se le escapa que un trabajador comprometido y motivado, desempeñará sus funciones con mayor entusiasmo y profesionalidad, y ello repercutirá sin lugar a dudas sobre el cliente final. Y viceversa, un trabajador que no está comprometido, que no está motivado, no podrá tener nunca satisfecho a sus clientes.

Entonces, ¿cómo conseguimos un buen Clima Laboral?

Si fuera fácil, este post no sería necesario. Llevo más de 10 años gestionando equipos de personas, diversos, y no hay reglas que apliquen por igual a todos los grupos, ni a todos los componentes del grupo. Cada persona que integra el equipo es diferente, por lo que no puede existir una regla común para todos ellos.

Sin embargo, hay una premisa que se obvia muchas veces, y que considero imprescindible para un buen clima laboral. El compromiso se trae. El compromiso no se exige. El compromiso se da. Cuando esta premisa se obvia, y no se cumple, no hay plan de motivación que funcione. Por lo que lo primero que debemos preguntarnos debe ser ¿es posible? Si el colaborador no está comprometido al 100%, no tenemos un problema de Clima Laboral, tenemos un problema de Recursos Humanos.

Si cada miembro del equipo está comprometido, entonces sí es función del jefe lograr un ambiente de motivación. Desde mi punto de vista, el jefe es capaz de motivar, y también es capaz de desmotivar.

Las principales claves para motivar a un equipo - comprometido - son las siguientes:

  • El jefe debe ser un ejemplo inspirador, predicar con el ejemplo, continuamente. No puede pedir organización, si no es capaz de priorizar y asignar. No puede pedir atención, si se esconde detrás de un despacho. La realidad no está en ningún despacho.

  • El jefe debe escuchar, y saber escuchar. Un colaborador con problemas personales no puede rendir en su trabajo, somos personas, no seres perfectos. Un colaborador profesional y comprometido sabe perfectamente dónde está el ámbito de mejora en su desempeño, en qué puede ayudarle el jefe. Tenemos que hablar, y sobre todo, tenemos que escuchar. La escucha debe ser activa, y los acuerdos adoptados deben escribirse, y cumplirse.

  • La soledad del líder. Un jefe no puede pretender ser amigo de sus colaboradores. Ese tipo de cosas surgen, o no surgen. Sin condiciones. La obligación del jefe es representar a la empresa ante los colaboradores, y representar a los colaboradores ante la empresa, buscando el equilibrio necesario para alcanzar los objetivos que se persiguen, que deben ser comunes para todos.

  • Los éxitos se comparten. Los fracasos se asumen. A todos nos gusta ser reconocidos cuando los resultados salen bien, y tenemos éxito en el proyecto que hemos emprendido. La buena gestión, el buen desempeño, debe ser reconocido y puesto en valor. Con respecto al fracaso, seguimos inmersos en una cultura donde el fracaso no está bien visto. Para cambiarlo, debemos asumir el fracaso como una consecuencia natural; de lo contrario, crearemos un clima donde mejor no intentarlo, por lo que pudiera ocurrir.

  • Comunicación y Transparencia. En la actualidad, y debido a la realidad que atraviesan gran parte de las empresas, con menores ingresos y ajustes laborales, la transparencia en la comunicación debe ser máxima.

  • Gestionar el Cambio. Más que nunca, debemos impulsar y pedir la creatividad en nuestros equipos. La sociedad, y con ella el hábito de consumo de nuestros clientes, cambia a una velocidad vertiginosa. Funcionando como grupo crearemos la sinergia necesaria para triunfar en este nuevo escenario. No debemos, y no podemos, restringirnos a unas funciones que definen mi puesto, debemos ser flexibles, ver cómo podemos adaptarnos en cada momento a la realidad que nos exige el cliente, y que necesita la empresa.

Como conclusión una y clara. El compromiso es del colaborador, y la motivación es de la empresa. El clima laboral, por tanto, es de todos. Y es imprescindible para lograr la satisfacción de nuestros clientes. Y viceversa.

@manuelrichter



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